domingo, 16 de noviembre de 2008

Verano de 2004

En verano de 2004 realicé un viaje en Interrail. Una experiencia única que, aunque terminó personalmente no demasiado bien, como aventura fue fascinante, lo más parecido que he hecho nunca a una exploración improvisada.

Viajábamos sin reservas de hotel, sin guía y casi sin saber hacia dónde. Salíamos de Barcelona hacia Praga, con muchas paradas entre medio y casi una sola noche en cada lugar.

Hace unos días encontré mis apuntes tomados sobre los raíles que cruzaban Europa del Este en aquel caluroso verano. Ni siquiera los recordaba, ni mucho menos sabía que los había conservado. Releerlos fue una buena forma de revivir un viaje que nunca olvidé. Imágenes de lugares, escenas concretísimas, alberges, casas, monumentos, compañeros de viaje, comidas, conversaciones... todo volvía como si siempre hubiera estado ahí. Ahora comprendo que el placer de tomar notas en los viajes es un plato que también se disfruta frío.



En los próximos post relataré este viaje de España a la República Checa.

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